Tres cosas que disminuyen tu productividad

Estamos en una era en la que rendimos demasiada pleitesía a lo que llamamos “productividad” pero olvidamos que más que un concepto etéreo esta productividad debe de ser una forma de actuar.

Existen varias costumbres y herramientas que la moderna cultura empresarial nos ha “vendido” como elementos para hacernos más productivos que, sin embargo, limitan esta actividad e incluso la terminan “borrando”.

¿Qué es lo que hacemos día a día que nos resta productividad cuando pensamos que ocurre lo contrario?

Te presento los tres grandes limitadores de productividad:

Correo electrónico:

Hazte esta pregunta y respóndela de manera sincera:

¿Cuándo fue la última vez que te llegó un correo electrónico que fuera de vida o muerte responder de manera inmediata?

Lo más seguro es que la respuesta sea “Nunca” y es que la inmensa mayoría (si no es que todo) lo que llega a nuestro buzón no requiere de una respuesta inmediata ni urgente y en muchos casos ni siquiera amerita dicha respuesta.

Si organizamos nuestras actividades alrededor de lo que llega a nuestro inbox perderemos tiempo, no mantendremos un ritmo en las actividades que realmente importan y nunca lograremos concentrarnos en nuestras metas.

Lo mejor es establecer momentos dentro de nuestra actividad diaria para dar salida al correo electrónico de manera rutinaria. También es bueno aprovechar esos espacios muertos como cuando estamos esperando a alguien para una cita, cuando viajamos en un taxi o cuando podemos meternos a nuestro correo porque no estamos haciendo otra cosa.

Mensajes de Texto:

Si el correo electrónico es un gran “succionador” de productividad los mensajes de texto son aún peores.

Su utilización se ha vuelto universal y parece que cada 10 minutos se inventa una nueva plataforma para comunicarnos con clientes, colaboradores, familia y amigos.

Retomemos la pregunta anterior y notemos que, en lo que a nuestro negocio se refiere, es muy difícil que la próxima gran oportunidad llegue por este medio.

¿Vale la pena dedicarle tanto tiempo?

Reuniones múltiples e interminables:

Todos hemos oído eso de que “más vale hablar con el cliente que hablar del cliente” y es una máxima muy real, sin embargo, ¿cuántas de esas juntas, reuniones o “brifeos” son necesarios?

Hay que saber cuándo es necesario juntarse con un cliente o prospecto para una verdadera (y productiva junta) y cuando esta reunión implica un verdadero desperdicio de tiempo que no se pueda solucionar con una llamada o una video-conferencia.

Hay que tener muy en claro cuáles son los temas que se pueden solucionar de manera remota y cuáles son los que requieren de una reunión para ser sacados adelante.

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Vale la pena recapacitar sobre esas costumbres que nosotros consideramos buenas para nuestra productividad así como para nuestro negocio y buscar la manara de eficientizar esas costumbres que muy bien se pueden transformar en verdaderas pérdidas de tiempo.