Tarjetas de presentación

Esta es una de las partes más curiosas, pero más antiguas, dentro del folklore de los negocios: las tarjetas de presentación.

Para muchos, parte esencial de las relaciones de negocios, para otros es una verdadera cruz a la que se enfrentan de forma estoica. Algo que es indiscutible es que, si manejamos bien nuestras tarjetas (y las que recibimos), podemos tener una poderosa herramienta en nuestras manos.

Lo recomendable es realizar nuestras propias tarjetas con una imprenta bien establecida y que, por un precio razonable, no entregue tarjetas de buena calidad y que no contengan errores. Las tarjetas “de emergencia” que se realizan en grandes papelerías y se cortan con navaja son un de “NO” rotundo y absoluto (noten que él “no” está en bold y subrayado).

También es muy tentador buscar ser “muy creativo” a la hora de diseñar nuestra tarjeta personal. Esto no es malo, vale la pena que la gente recuerde nuestra tarjeta por algún detalle particular, sin embargo hay que buscar la manera de que esta originalidad no caiga en lo excesivo y nuestra tarjeta sea más bien ridícula.

De la misma manera hay que ser muy escuetos en la información y separar distintos negocios y funciones y, de ser posible, hacer una tarjeta para cada faceta. Recuerdo que una vez tuve una tarjeta en mis manos de una persona que promovía desde sus servicios como chofer hasta fontanero pasando por unas 20 actividades de corte muy distinto y variopinto.

Dicen los manuales de urbanismo que, al momento de recibir una tarjeta deberemos leer esta con atención, con eso no solamente le daremos el interés y la importancia necesaria a quien nos la entrega, sino que también sabremos a ciencia cierta su nombre, como se escribe éste, así como la empresa que representa y su puesto.

Este es el momento ideal para preguntar cosas como la pronunciación de un apellido que, en otro momento, sería de plano descortés o falto de tacto (por no decir la vergüenza de utilizar de manera incorrecta por mucho tiempo el nombre de alguien).

Luego de la junta o de la cita con la persona que acabamos de conocer, lo ideal es apuntar de manera inmediata las observaciones y las características de éste. La forma más sencilla (pero más burda) es hacerlo directamente en la parte trasera de la tarjeta, sin embargo siempre será mejor realizar una pequeña base de datos (utilizando una hoja de cálculo) mediante el cual podemos llevar un registro de estos contactos de trabajo.

También existen programas y apps especializados para el registro y control de tarjetas de presentación mediante el cual es posible guardar hasta la foto de la tarjeta y evitar así esos molestos montones.

Respecto a las propias tarjetas, he aquí una serie de pequeños consejos para hacerlo de la forma más eficiente.

Una cartera especial

También te puede interesar:  4 cosas que todo emprendedor debería saber

Vale la pena adquirir una de esas pequeñas carteras, las hay de piel y de metal, para trasladar nuestras tarjetas. De esta forma evitaremos que se maltraten y siempre da muy buena impresión el hecho de sacar las tarjetas de su lugar especial.

Tarjetas de emergencia

A veces nos quedamos sin tarjetas por lo que vale la pena tener un par de escondites para esas emergencias. Un lugar muy bueno es entre nuestro teléfono y su funda. Ahí podrá permanecer por tiempo indefinido sin maltratarse y lista para ser entregada.

En el coche

La guantera del automóvil es otro lugar donde podemos dejar algunas tarjetas para casos de emergencias. Recuerda utilizar una de las pequeñas carteras de las que ya hablamos más arriba para que no se maltraten.